Economía verde – ¿Cuál es el valor de la naturaleza?

La “economía verde “será ciertamente un tema que dominará la Conferencia de la ONU en Río + 20. El término es un intento de conectar el compromiso del bienestar económico con el ambiente. A primera vista puede parecer que aquellos que hasta ahora han defendido el mercado como la  única estructura organizadora para la sociedad, han desarrollado una consciencia ecológica. ¿Podremos ser testigos de un cambio de corazón en aquellos que son responsables de la crisis actual?. Sin embargo el término es utilizado en forma ambigua y no hay aún un acuerdo entre los gobiernos y las ONG sobre su significado. Este artículo examinará los diferentes enfoques de la economía verde” y tratará de ofrecer una base para una contribución Franciscana en el debate en curso.

Internacionalmente  el término economía verde fue utilizado por primera vez en Marzo del 2007, en el encuentro del G8+5. El gobierno alemán había propuesto un estudio sobre el “significado de la pérdida global de la bio-diversidad”. Esto se llevo a cabo por el Programa de la ONU del medio ambiente (UNEP). El estudio ha intentado de implementar lo que se llama : La Economía de los Ecosistemas y de la Biodiversidad – TEEB.  Su objetivo era simplemente dar un valor financiero a la biodiversidad. Su fin no era simplemente de dar un precio a los recursos naturales y al ambiente sino que de definir los complejos procesos ecológicos en términos económicos. Según los estudios del TEEB las interacciones entre todos los seres vivientes y el ambiente en el cual ellos viven, y todas las interacciones de los organismos con el medio ambiente y con los otros organismos son servicios que deben ser cuantificados económicamente. El peligro  es reducir la naturaleza a un activo comercial. Este enfoque ya ha llevado a la creación de mercados para los ecosistemas y destruye el valor de cada uno de los ecosistemas, de cada especie, etc. etc., que por su individualidad son fundamentalmente incalculables.

En respuesta a la convocatoria de una economía verde, asociaciones industriales y económicas, las empresas y los gobiernos de todo el mundo están creando una nueva agenda de trabajo. En el 2010 el Consejo Mundial de Negocios para  un Desarrollo Sostenible (WBCSD) publicó un informe llamado “Visión 2050 – una nueva agenda para los negocios”, firmado por 29 principales asociaciones que son parte de este organismo internacional. El informe ha sido propuesto como una herramienta para la formulación de políticas públicas para los próximos 40 años y es importante notar que un número de miembros del WBCSD han dispuesto estudios de casos y/o han revisado secciones  de los informes de estudios prácticos del TEEB.

En el 2011 la UNEP publicó un informe titulado“Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication (Hacia una Economía Verde: Caminos hacia un Desarrollo Sostenible y la erradicación de la Pobreza). Destaca el camino del crecimiento económico hasta el 2050 y es una contribución clave de la UNEP en el proceso de Río + 20. En su informe la UNEP define la economía verde como “aquella que resulta en un mejoramiento del bienestar humano y de la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica,” pero en unas pocas  líneas pero después utiliza las mismas medidas y el mismo paradigma de dominación y explotación  de la Naturaleza que están actualmente en uso. La Naturaleza continúa en ser vista como un recurso económico. Y para una transición hacia una economía verde para el 2050, la UNEP propone una inversión anula de 1,3 billones  de  USD de dólares (alrededor del 2 % del PIB mundial) en diez sectores estratégicos: energía, agricultura, construcción, forestal, manufactura,  turismo, transporte, agua y residuos. El informe de la UNEP se hace eco del documento Visión 2050 que habla de un gran número de oportunidades en un vasto campo de actividad empresarial.

Como se describió anteriormente, los gobiernos de las economías mundiales más importantes, las asociaciones industriales y financieras y las Naciones Unidas proponen la “economía verde” como un enfoque que reforzará el actual  modelo de desarrollo. Mientras la crisis económica, financiera, ambiental, alimentaria, energética y climática reflejan una crisis estructural en el capitalismo, aquellos que detentan el poder buscan “resolver” el problema mediante el redireccionamiento de las inversiones y la innovación tecnológica hacia los sistemas físicos y biológicos que sustentan la vida. En el contexto actual, aún, no es suficiente proponer la “economía verde” como una solución a nuestros problemas: es todo el paradigma que viene en discusión. En primer lugar la crisis actual es ética y moral. Esta evidencia la necesidad de comprender la verdadera naturaleza de la economía” y como nosotros, los seres humanos, nos relacionamos entre nosotros y con la naturaleza que proporciona la estructura primaria de nuestra existencia. Si no afrontamos las cuestiones éticas y morales que están implícitas no podremos ser capaces de hacer frente a las numerosas crisis que enfrentamos aplicando el criterio, que definimos muy estéticamente, como la economía verde”. Cada solución propuesta que no enfrenta la perversa lógica  de la producción y del consumo, así como existe ahora, no eliminará la ;pobreza y no protegerá nuestro planeta. Debemos ir más allá de la lógica de la codicia y de la desigualdad hacia una cultura de solidaridad con la gente y con la naturaleza.

El gobierno brasileño, entre otros, propone una economía verde “inclusiva” que promueve una serie de medidas que dará a los pobres y a los excluidos, el acceso en la sociedad a grandes oportunidades. Pero la exclusión social  es estructural. Intentos de incluir a los pobres sin cambiar las estructuras de la sociedad, tales como los sistemas económicos y financieros, el modelo de desarrollo y los paradigmas culturales, no  lograran los resultados deseados – una economía verde, a lo sumo, ofrecerá políticas compensatorias. No se puede cambiar una economía solo dándole un nuevo color.

En tiempos como los nuestros, cuando las lógicas de mercado pretenden pintar de verde la economía, nos desafiamos a encontrar la mejor manera de fomentar las relaciones entre nosotros y con la naturaleza. Nuestra tradición Franciscana nos brinda fuertes motivaciones para la participación en los esfuerzos necesarios para hacer frente a las crisis actuales y nos da recursos espirituales para promover una cultura de solidaridad con los otros y con todas las creaturas de Dios. Francisco de Asís  se hizo cargo de la creación y su compromiso se originó  de un profundo respeto   y de solidaridad interior con todo lo que Dios ha creado. Con este espíritu de Francisco queremos proponer  el principio de  justicia ambiental que nos ayuda a avanzar. Conecta los conceptos de ecología y de justicia social: es un enfoque que respeta y promueve la dignidad humana como la de la naturaleza. Nos ayuda a estar con los otros hombres de buena voluntad que están inspirados en la Carta de la Tierra, que ofrece una serie de principios éticos para la construcción de una sociedad global justa, sostenible y pacífica. La carta refleja el espíritu de solidaridad cuando habla de la “familia humana y de una comunidad de la Tierra”, e invita a un compromiso de proteger el bienestar de la comunidad de vida como un todo del cual la humanidad es una parte interdependiente. La Vida y la Naturaleza tienen un valor en sí mismas, no son meros valores económicos. Como seguidores de Jesús y de Francisco sabemos que la creación es el fruto del amor gratuito de Dios y que todas las creaturas son hermanos y hermanas. La justicia ambiental nos anima a promover el bienestar integral de todas las creaturas de Dios.

La justicia ambiental afirma el hecho de que la diversidad, sea biológica o sociocultural, es característica de nuestro mundo y debe ser tomada en consideración y respetada: no puede dejarse a merced del mercado. La justicia ambiental muestra como los grupos de bajos ingresos son mayormente expuestos a los riegos y a los daños ambientales y como las desigualdades económicas y sociales, incluyendo la concentración de poder en el aprovechamiento de los  recursos naturales son las raíces de la injusticia. Nuestra felicidad no puede basarse en la avaricia y en el consumismo. Debemos encontrar un nuevo paradigma, basado en la solidaridad.

En el mundo de hoy hay muchos ejemplos concretos de solidaridad económica con la gente, especialmente los pobres, y con la naturaleza. El movimiento del Comercio Equo, los bancos Grameen de microcréditos, y la creciente promoción de la agricultura son solo tres de estas iniciativas. También están los movimientos que trabajan para garantizar los derechos de las generaciones futuras y promover cambios en los sistemas de gobierno que requieren una mayor responsabilidad y solidaridad con y hacia la gente y la creación. Son parte de la lucha por la justicia ambiental que es esencial para erradicar la pobreza y promover el bien común de la humanidad y de la naturaleza. Leonardo Boff resume este concepto cuando escribe: “La justicia ecológica reconoce que los seres humanos tienen el deber justicia hacia la tierra. Tiene dignidad y diversidad; tiene derechos. La tierra habiendo existido durante millones de años antes que  aparecieran los seres humanos, tiene derecho de continuar existiendo  en el  bienestar y equilibrio. La justicia ecológica propone una nueva actitud hacia la tierra, una actitud de buena voluntad y de recíproca pertenencia, buscando al mismo tiempo  reparar las injusticias  cometidas por proyectos técnico/científicos”. ¡Recojamos el desafío Franciscano de defender toda la creación que Dios nos ha dado!

http://www.teebweb.org

Vision 2050 – a new agenda for business.

Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication (UNEP 2011).

THE EARTH CHARTER.

Boff in Ecotheology:  Voices from South and North, WCC Publications ; Maryknoll, N.Y.: Orbis Books,1994:244 (escrito en Portugues)

Escrito del Hno. Rodrigo de Castro Amédée Péret ofm

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